Pobre planta
La pobre planta vive en un descampado o solar en el extrarradio de la ciudad, y, según nos parece, tan sólo recibe agua para su riego cuando llueve y el resto del tiempo está sin una manguera ni regadera que se acerque a ella para calmarle la sed. En ocasiones la planta revive y en su centro nos muestra unas como pelotas que, pensamos, es donde lleva ella las semillas que darán vida a otras plantas que serán, mucho nos tememos, pobres plantas también. A nosotros, qué le vamos a decir, nos ha ilusionado ver a ésta, rozagante y espléndida, aunque tan sólo sea por una vez. Quizá la naturaleza, compasiva, se ha apiadado de ella y la ha permitido vivir bien. O tal vez el hombre, por equivocación, la ha regado alguna vez.
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