Las ramas, al sol de la tarde, nos saludaban. Era un día sin viento aunque frío. Aún no había llegado el invierno y el sol tardaría poco en ponerse. Nubes blancas parecían jugar en el azul suave del cielo. Embobados, permanecíamos admirando la quietud y la hermosura del árbol esperando sin saberlo la aparición fugaz de un pajarillo o más bien aun el trinar de algunos de ellos. Había paz mientras el día se iba. La Madre Naturaleza quería dormir y, mientras, Dios era con nosotros.
La pobre planta vive en un descampado o solar en el extrarradio de la ciudad, y, según nos parece, tan sólo recibe agua para su riego cuando llueve y el resto del tiempo está sin una manguera ni regadera que se acerque a ella para calmarle la sed. En ocasiones la planta revive y en su centro nos muestra unas como pelotas que, pensamos, es donde lleva ella las semillas que darán vida a otras plantas que serán, mucho nos tememos, pobres plantas también. A nosotros, qué le vamos a decir, nos ha ilusionado ver a ésta, rozagante y espléndida, aunque tan sólo sea por una vez. Quizá la naturaleza, compasiva, se ha apiadado de ella y la ha permitido vivir bien. O tal vez el hombre, por equivocación, la ha regado alguna vez.
La estrella, con un giro de su cuerpo hacia un lado luce como estrella caída. Ya no luce, al contrario, ahora es un estorbo en el parque que hay que quitar. Y de ello se ocuparán los obreros. La cogerán con miramientos, o con pocos miramientos, y la llevarán al almacén en donde se guardan las cosas de un año para otro. Como la Navidad. Porque la Navidad también la guardamos en el cuarto de los trastos con sus luces, ahora, con sus sombras. Y volverá la estrella dentro de un tiempo, tal vez, nuevamente, junto con muchísimas más estrellas de fantasía, a iluminar la ciudad. Nuestra ciudad. Y otras tantas ciudades del mundo mundial seguirán nuestro ejemplo de fraternidad o de vanidad.
En la Isleta, en la plaza de Manuel Becerra en donde están las llegadas y las salidas de varias líneas de guaguas municipales, hemos visto un cartel antiguo con la propaganda de una marca de cigarrillos que seguramente ya ni se fabrican. Kent. Cigarrillos Kent. Marca que seguramente no dirá nada a las nuevas generaciones de canarios y que, a los mayorcitos a lo mejor les trae algunos recuerdos. El cartel publicitario, deslucido por el tiempo, no nos dice mucho más, pero, parándonos en él, y pensando con él llegamos a sorprendernos por los cambios habidos en la vida de la ciudad y en la isla nuestra. En nosotros mismos. ¡Tiempos pasados que no volverán!
Los caballos y sus jinetes parecen estar en formación, esperando órdenes. Están aguardando, suponemos, el inicio de la cabalgata de Reyes y ansiosos ven pasar las horas. Están ellos, los jinetes, como niños pequeños que esperan sus regalos pues se han portado superbién y sus corazones laten al paso de las horas. Desfilarán caballos y jinetes y los corazones vibrarán a su paso pues ellos nos trasmitirán la alegría. Y la felicidad de la Navidad quedará con nosotros.
Le llamábamos "tanques de barro" a lo que era un referente nuestro en la juventud porque en ellos terminaba la calle Don Pedro Infinito en Schamann, nuestro barrio. En verdad, deberíamos haberles llamado estanques pues estaban construidos y preparados para almacenar agua destinada al riego de las plataneras que en su alrededor habían. Nos han venido a nosotros estos "tanques" porque hace unos días hemos ido a ver uno, (tanque, estanque o presa), situado junto a la antigua carretera del Norte en el barranco de Tamaraceite. Ha querido la suerte que nuestra visita haya coincidido en el tiempo con las lluvias caídas en la isla últimamente pues con ello hemos podido ver el embalse lleno y precioso entre las dos laderas del barranco. Linda imagen. Bendita agua.
Son unas plantas simpáticas que semejan a balones de reglamento, con púas. Tienen estas plantas púas afiladas por todas partes, creemos que hasta las raíces lo son. Por ello son plantas simpáticas porque pican, cosa que no hemos comprobado, como demonios endemoniados. Su forma casi esférica le dan un aspecto de nave lunar, por lo menos. Por lo más, si nos ponemos a contar las púas no acabamos. Vemos a estas plantas en un parque de la ciudad y estamos seguros que también podrán verse en otros pues no son, de ninguna manera, invisibles. Un día nos dijeron su nombre y nos quedamos horrorizados. Le llaman: "el sillón de la suegra", o el "sillón para la suegra", no lo recordamos bien. Llámense como se llamen, pobres suegras. Si alguna pone sus posaderas en una bola de éstas para sentarse, pobre suegra.
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Estuvimos en la víspera de Reyes por la tarde bajo una lluvia que iba y se venía visitando dos de los Nacimientos tradicionales en nuestra ciudad de Las Palmas. Primero fuimos a ver el de la Casa Palacio, digno y especial Nacimiento todos los años en el que nos encontramos que el actual estaba dedicado a las mujeres. Así, en plural. De hecho, junto a pastores y pastoras había figuras de mujeres con variadas vestimentas, en grupos o solas, diciendo aquí estamos. Y no faltó algo que nos asombró: estaba la Virgen María cuando joven, y, un poco más allá estaba Ella cuando mayor. Completa era la representación, pensamos. Luego nos dirigimos al Parque de San Telmo en donde encontramos el Nacimiento de siempre, alrededor de 'su' árbol. Un Nacimiento desvaído con color verde pintado y con casas enormes como palacios y un río desbordado. Lo mejor, los Tres Reyes Magos, queridos como siempre, llevando al Niño sus regalos.