martes, 7 de marzo de 2023

El cogotazo


Un buen cogotazo le dieron a la mujer que estaba pegada al muro para golisniar con el oído presto para enterarse de lo que se hablaba en el otro lado. El cogotazo la dejó revirá y con los ojos como chernes y la boca... Dios mío, la boca con todos sus dientes se le quedó como una jarea o como un piano de cola mal ajustado. Gracias a la flor que llevaba cubriéndole la oreja, la  pobre pudo recuperarse y sonreír a su infortunio. Porque un cogotazo, donde quiera que haya un buen cogotazo, ahí de inmediato comienzan los lamentos y los duelos.

lunes, 6 de marzo de 2023

Las macetas

Llovía sobre la ciudad. Caía un agua serenita sobre Las Ramblas regando los árboles y las demás plantas de los parterres. El suelo mojado servía de espejos rotos en los que se podían ver, desdibujados, casas y paseantes. De repente nos sorprendió ver unas macetas que, al parecer, alguien había puesto fuera de su casa o de su comercio y que también -como si de una ducha se tratara- recibía el agua bendita de los cielos. Nos hizo gracia el detalle y convinimos en que era de buen gusto. Admirable. Las miramos y nos pareció que las flores en las macetas sonreían. Qué menos, si estaban remojadas como reinas. Sonreímos nosotros, y seguimos nuestro camino.

miércoles, 1 de marzo de 2023

El banco


El banco en Las Canteras estaba a rebosar. Las chicas que lo ocupaban estaban a sus cosas y, no sabemos, si, mientras, estarían esperando a sus amores. A lo mejor, éstos, los amores de las chicas llegarían por el mar. Quizá. ¿Por qué no? Vivimos en una isla y el mar nos trae todas las venturas y muchas desventuras. ¿A qué quejarnos? Ignoramos si las jóvenes hablarían de estas cosas que tienen tanta enjundia o si, en su afán de estar al día estarían chateando con sus teléfonos móviles. Fuera lo que fuera, ahí están ellas ajenas a la caseta de dos colores con listas las aíslan -qué pena, penita, pena- del mar.

domingo, 26 de febrero de 2023

Parejas

Subió una pareja de chicas jóvenes a la guagua y ellas dos se acomodaron junto a la puerta central de salida. Nosotros, sentados en los primeros asientos tras la puerta, no podíamos dejar de verlas. Ellas, al parecer enamoradas, mostraban, una para la otra, gestos elocuentes de amor. Caricias y besos no furtivos se mezclaban con sus risas. Nadie, de entre los pasajeros, mostró síntomas de desagrado, ni un solo comentario se oyó. Como debe ser.

Otro día, en una de las paradas, llegó una pareja de apuestos efebos. Venían de mano y se pusieron -mientras esperábamos la guagua- uno frente al otro, a hablar de lo que fuera. De pronto, sus labios se unieron en un ligero y casto beso. Nadie mostró síntomas de desagrado y ni un sólo comentario se oyó.

Ángeles o demonios. Ellas y ellos.

jueves, 23 de febrero de 2023

La noche


La noche nos trajo el regalo de ver con la luz blanca de la farola y la luz roja del anuncio, como en un ensueño, unos balcones de esos que nos gustan tanto. Paseábamos. Y miramos abstraídos la sinuosa superficie y los soportes que sustentaban el hierro forjado del balcón principal. Y casi que quisimos ser el maestro forjador o el albañil que hacen (que hicieron) estas cosas tan lindas. Cosas del ayer; al parecer, ahora, para nuestro desconsuelo, no se hacen.

lunes, 20 de febrero de 2023

Vino del frío


La joven vino seguramente del frío. No de un congelador, aclaremos, sino de un país nórdico de esos que tienen frío y obscuridad para dar y revender en los meses de otoño e invierno. La joven vino del frío en busca de unas playas que le habían dicho en las que podía ponerse sin ropas al sol. Creyó ella, por error, que una de esas playas era nuestra querida Las Canteras y hasta aquí llegó buscando la panacea para curar sus fríos de años. Se encontró con que no, conque en esta playa no estaba permitido el nudismo y se buscó un muro de lamentaciones en donde llorar. Y tanto suspiró y tanto lloró que su figura quedó pegada al muro para siempre jamás. 

sábado, 18 de febrero de 2023

La cara del hombre

  

La cara del hombre está un poco marchita. No sabemos si es que el hombre la tenía ya así cuando la pintaron o si es producto de las inclemencias del tiempo sobre la pintura. Lo cierto es que al hombre le pasa algo que no sabemos cómo explicarlo. Y es que esa frente... esos ojos cerrados... esa nariz y ese bigote... y esos ¡Dios nuestro! ¿Cómo nombrarlos...? Esos dientes con granos de arroz con leche en ellos pegados... Algo le pasa al hombre. Es seguro... O quizás al cuadro.