El palo
Ver un palo sosteniendo los cables de la luz (salvo que estemos con obras) es cosa rara hoy en día pero era cosa que se podía ver en muchos puntos de la ciudad, hace tiempo. Por ello, el que nos lleváramos una sorpresa al ver el palo tan pimpante en la calle que baja del complejo deportivo López Socas. Nos detuvimos, pues no pudimos hacer otra cosa. Nuestras caras eran entonces, suponemos, la quintaesencia de la estupefacción. ¡Un palo de madera! exclamamos, mientras lo recorríamos de arriba abajo y de abajo arriba y otra vez abajo mientras pensábamos que aún hay cosas en nuestra ciudad que pueden llenarnos de sorpresa. Un palo, en cuya punta tiene una cosa de aquellas de loza que le ponían para que pasara la electricidad sin dar corriente eléctrica. Benditas sean la cosas buenas que pasan, nos dijimos. Bendito el palo. Y seguimos nuestro caminar.
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