jueves, 13 de marzo de 2014
Geranios
domingo, 9 de marzo de 2014
Los pichones
La paloma perdió el rumbo y fue a dar al Negrín que es hospital general en vez de llegar al Materno para tener a sus polluelos. Por ello la paloma buscó entre las plantas que están en los maceteros (casi jardines colgantes) de detrás de las ventanas de las amplias galerías del hospital y entre ellas incubó los huevos y de estos nacieron dos preciosos pichones. Los hemos visto hoy. La paloma, muy ufana, con sus alas formando cobertor, ampara a sus polluelos del frío de la tarde-noche y los pichones escondidos bajo las alas casi por completo tratan de pasar desapercibidos, y se escondían hurtando sus caras al móvil que servía de máquina de retratar. Por ello, tan solo a uno pudimos tomar retrato con su pico diminuto y sus ojillos abiertos a la vida.Nosotros hemos encontrado en la escena una paradoja pues mientras a un lado de la galería, en las habitaciones, los enfermos (algunos en fase terminal) luchan por sanar de sus enfermedades con auxilio de la ciencia, en el otro lado, la paloma, con solo su saber de ave vieja, cuida de sus pequeños retoños para que se abran paso y puedan luchar en la vida que tienen por delante.
sábado, 8 de marzo de 2014
El escenario
Solo hemos visto pasar un obrero que se perdía hacia un punto indeterminado. En el suelo, los cacharros que ponen volumen estratosférico a la música durante las fiestas emitían unas tonadillas que sonaban fuera de lugar.
Fue anoche -no ha pasado ni un día desde entonces-, que los aspirantes a Reinonas del Carnaval bailaron y se contorsionaron ante un fervoroso público. Hoy, ahora, un Securita impedía que la gente subiera al escenario. Seguramente el Securita no quería que se profanara el sitio en el que los aspirantes, osados y procaces con sus zapatones y sus taparrabos, habían deleitado a todos con la demostración sencilla, y querida por muchos, de su arte del mejor carnaval.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Un invierno
En nuestra Ciudad, estamos pasando un invierno más frío de lo normal. De ahí que los amigos y conocidos al saludarnos demos cuenta con exclamaciones, casi de asombro, de lo que es un sentir popular: hace mucho frío. Tampoco es para tanto, pensamos, pues sigue siendo el nuestro un invierno amable, llevadero, y el hecho de que los termómetros registren unos grados menos que en años anteriores tampoco es como para tomárselo a la tremenda. Claro que, tenemos que convenir, no es normal que durante más un de mes no hayamos visto el sol, ¡nuestro sol! más que a ratos... Y eso sí que da rabia. ¡Con lo bien que se está al solito, piconsito él... al sol de nuestro invierno...!Hace frío, no lo negamos. Y la muestra que hemos encontrado no son las ropas de abrigo ni las bufandas ni los guantes. Nosotros hemos hallado una muestra que nos ha dado la madre naturaleza, propia de países y zonas de otras latitudes más septentrionales a la nuestra: hemos visto un árbol totalmente pelado, sin una sola hoja, en nuestra ciudad. Y nosotros pensamos que ello debe ser cosa de este (para nosotros) crudo invierno.
jueves, 27 de febrero de 2014
La moto
Las llamábamos 'amoto' en aquellos años en que casi ni sabíamos hablar. Después la empezamos a llamar con su nombre cierto, motocicleta, o simplemente moto, para abreviar. Aunque bien es cierto que a la larga tuvimos una connotación distinta para cada palabra: la moto era un vehículo potente, de suficiente cilindrada para comerse el mundo, mientras que la motocicleta o 'motilla' era algo más de andar por casa. Una moto que nos llegó un día y que era harto diferente fue la Vespa a la que popularizaron Grepory Peck y Audrey Hepburn en la película Vacaciones en Roma que tanto éxito tuvo en nuestra Ciudad. En estos días hemos visto a esta pobre motocicleta de la fotografía (Vespa o Vespino), desguazada sin piedad en una calle, que ha terminado sus días como si de un viejo y destartalado árbol se tratase, en un hueco para árbol de los de verdad. Alguien debió tenerle manía a la pobre moto lo que le llevó a hacerla una pifia, un desecho. La pobre habrá sufrido en verdad viéndose coja, con una rueda tan solo, con la que no puede circular. Y habrá llorado su pena derramando como lágrimas amargas, el combustible y el aceite que guardaba en sus depósitos hoy rotos y desencajados.
lunes, 24 de febrero de 2014
De paso
sábado, 22 de febrero de 2014
Colores
Los miles y miles de coches que circulan en nuestra ciudad tienen un solo color. Los hay negros, blancos, grises, encarnados, amarillos... pero es difícil encontrar alguno que no sea monocolor. Como la salvedad justifica el aserto diremos que los pequeños Minis, por ejemplo, son muy lindos con dos colores: un color para carrocería y otro para el techo, y los hay incluso que tienen pintura a cuadros como si fuesen tableros de ajedrez. (También las guaguas tienen dos colores pero ello es otra historia). Lo que predomina en la mayoría de los coches, sin profundizar mucho en la apreciación, es la unicidad en el color, o cuando menos una falta de imaginación para su decoración externa, salvo que la razón sea que la pintura sale por un ojo de la cara. Por ello ayer, al ver aparcado junto a la acera en una calle un hermoso coche (un 4X4, seguramente) luciendo unos dibujos geométricos llenos de colorido, nos llevamos una alegría. Fue como si el arco iris hubiera salido de la negrura del asfalto y se levantara sobre nosotros. ¡Cosa linda, usted! Era un coche con pintura Op Art -pensamos- lleno de color. Y de qué grata manera destacaba en la placidez de la tarde en el paisaje urbano.
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