Íbamos en la guagua en el asiento que da la espalda al del conductor. Mirábamos a quienes compartían con nosotros el trayecto. A aquella hora de la mañana pocos eran los pasajeros y muchos los asientos vacíos. Nos llamó la atención un hombre en una silla de esas apropiadas para quienes tienen movilidad reducida, atada, la silla, con los tirantes correspondientes. Justo detrás del hombre, una mujer iba sentada en el asiento contiguo con su cabeza junto a la cabeza del hombre. Hablaban. Al parecer, en una sola dirección pues ella no paraba de hablar mientras él asentía. Así, de cháchara, iban los dos, sonrientes, complacidos. De pronto, la mujer sintió, seguramente, un impulso, y deseó besar al hombre. Al hombre que -pensamos- era su marido. Y le dio un beso suave, ligero y eterno a la vez, en la parte de atrás de la oreja, lleno de ternura...
miércoles, 16 de marzo de 2016
Ternura
Íbamos en la guagua en el asiento que da la espalda al del conductor. Mirábamos a quienes compartían con nosotros el trayecto. A aquella hora de la mañana pocos eran los pasajeros y muchos los asientos vacíos. Nos llamó la atención un hombre en una silla de esas apropiadas para quienes tienen movilidad reducida, atada, la silla, con los tirantes correspondientes. Justo detrás del hombre, una mujer iba sentada en el asiento contiguo con su cabeza junto a la cabeza del hombre. Hablaban. Al parecer, en una sola dirección pues ella no paraba de hablar mientras él asentía. Así, de cháchara, iban los dos, sonrientes, complacidos. De pronto, la mujer sintió, seguramente, un impulso, y deseó besar al hombre. Al hombre que -pensamos- era su marido. Y le dio un beso suave, ligero y eterno a la vez, en la parte de atrás de la oreja, lleno de ternura...
domingo, 13 de marzo de 2016
Las Casitas
En el campus de nuestra Universidad, en Tafira, tenemos una pequeña cafetería-bar o bar-cafetería, que tanto monta, con el nombre de Las Casitas. Le viene el nombre porque está instalado en unas pequeñas casas (o en una sola casa, que también pudiera ser) que es lo que queda de lo que hace años fue la finca a la que llamábamos Salvago, y muy cerca de los edificios de lo que fue seminario diocesano construido en tiempos del obispo Pildain. Acudimos a Las Casitas a tomar algo cuando subimos al campus para buscar o devolver algún libro en la biblioteca de la Universidad y allí, rodeado del silencio del campo, vemos casi siempre a algún profesor o alumno que pide también el cortado o el refresco de turno acompañado de algo para comer. Está Las Casitas, -está el campus universitario de Tafira- en un lugar privilegiado que podríamos decir onírico. El palmeral es grande y las plantas -muchas plantas autóctonas o endémicas- dan al lugar una belleza admirable. Nos gusta estar aquí y luego bajar caminando hasta la biblioteca. Aquí, en Las Casitas, saboreando el café, pudimos ver hace pocos días un nisperero (que crece más solo que la una en el pequeño patio) y que nos invitó a fotografiarlo para ustedes.
domingo, 6 de marzo de 2016
Con flores
Nos gustan las flores y nos alegramos al verlas. En nuestra ciudad y en nuestra isla es fácil encontrar flores de variadas formas y colores en cientos de plantas, endémicas unas, autóctonas otras, y otras traídas del ancho mundo, como consecuencia de nuestro clima propicio y agradable para la vida. A nosotros nos gustan los jardines y parterres, los arriates y maceteros, y las humildes macetas... Nos satisface ver como las gentes -además del servicio de jardines- plantan y riegan, cuidan y miman a las flores y por ello nos encontramos agradecidos de ver como en algunas de nuestras calles (pocas, en verdad) se conserva la tradición de mantener, por los vecinos, las aceras florecidas y así poder disfrutar de su belleza que nos llenan de ilusión incluso en estos meses de nuestro suave invierno canario.
martes, 1 de marzo de 2016
En la playa
martes, 23 de febrero de 2016
Dulce
viernes, 19 de febrero de 2016
Se ha ido
Se nos fue Panchito. Se nos ha ido nuestra mascota, alegría de cada mañana, compañero de nuestros juegos. Se lo ha llevado este invierno raro de calores insospechados que ahora nos ha traído esta blanca nieve para que nosotros la usemos de sudario para nuestro perro. Se ha ido Panchito, con su cariño incalculable, con sus ladridos de bienvenidas, con sus peticiones de caricias, con su mirada penetrante, con su zalamería, con su calor amigo, con sus sueños y nuestros sueños... y ahora estará en el cielo de los perros buenos. En el cielo de los perros, de todos los perros, pues ¿conocen ustedes, tal vez, un perrito que no sea bueno?
miércoles, 17 de febrero de 2016
Gracias
Nos pasamos la vida -la vida de adulto, al menos- dando las gracias. La más de las veces damos las gracias porque así lo aprendimos en casa o en la escuela (o en ambos lugares) sin percatarnos de lo que con ello queremos transmitir; otras veces, las gracias sale de muy adentro como si fuese un suspiro profundo salido de nuestro corazón. Hemos pasado en esta semana pasada por el quirófano para una intervención ocular. Ya habíamos pasado anteriormente por otros motivos y, naturalmente, estas circunstancias hacen que de muy adentro uno quiera mostrar su agradecimiento. Son momentos de esos que comentábamos. Las gracias al equipo médico y a sus auxiliares de enfermería y al personal todo del hospital, brotan como agua pura de manantial y no por la costumbre. Gracias. Al Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín. A sus gentes. A todas sus gentes. Muchas gracias.
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