Vean si no la fotografía. Lo único que escapa es el anuncio (en una casa colindante) de la marca de refrescos que en estos días está dando mucho que hablar, y no para cosa buena. Podríamos decirlo: un refresco a los muros, en forma de arreglo bien pensado y mejor ejecutado, no vendría nada mal a nuestra querida iglesia de La Luz.
viernes, 31 de enero de 2014
Podríamos decir
Vean si no la fotografía. Lo único que escapa es el anuncio (en una casa colindante) de la marca de refrescos que en estos días está dando mucho que hablar, y no para cosa buena. Podríamos decirlo: un refresco a los muros, en forma de arreglo bien pensado y mejor ejecutado, no vendría nada mal a nuestra querida iglesia de La Luz.
miércoles, 29 de enero de 2014
Vinieron
martes, 28 de enero de 2014
Pecado
La calle Bravo Murillo recibió en su origen el nombre de Camino Nuevo. Se hizo por donde estaba una de las murallas de la Ciudad y más allá de ella estaban los arenales y cómo no lo que se conocía como Fuera de la Portada. Más tarde la ciudad fue creciendo y fueron creándose otras calles y otras manzanas para edificaciones. Una de las calles cercanas y paralela a la de Bravo Murillo recibió el nombre de Cebríán. No me consta el por qué de este nombre que a lo mejor nos lleva a alguien de tiempos de la defensa de la ciudad contra los piratas holandeses. Tampoco importa ahora para lo que voy a comentar. Resulta que en una de las esquinas de la calle Cebríán un cartel anuncia ni más ni menos que el pecado. ¡El pecado ibérico! No el jamón ibérico que es otra cosa, ni el chorizo ibérico, ni el pescado ibérico (si es que este existe). Anuncia el cartel, ya les digo, el pecado y dan en él la dirección en donde puede encontrarse: C/ Cebríán 21. ¿Nos atreveremos a ir en su busca?lunes, 27 de enero de 2014
Mordida
El tramo de la circunvalación a la capital que va desde la rotonda del Dr. Negrín hasta la que está más abajo, hacia el mar, está flanqueada por dos espléndidas zonas verdes. En la una (a la derecha bajando) nos encontramos con un buen trozo de césped en dos alturas y luego siguen zonas ajardinadas en las que alguna escultura da para pensar en el buen gusto. En la otra a continuación del Hospital y su pista de aterrizaje para los helicópteros de emergencias, una sábana verde está ocupada por el club de golf que al parecer debiera ser público pues es, parece, del Ayuntamiento. En este trozo de verde es en donde hace unas semanas se ha dado una mordida al césped y al paisaje. Las máquinas excavadoras llegaron y con el permiso de quien puede darlo -es de suponer- abrieron un boquete que ha dejado su huella triste en el terreno.Desconozco que van a hacer. Y tampoco me preocupa tanto. Lo que sí me jeringa es que en esta ciudad de cementos agobiantes los gobernantes no luchen contra viento y marea para conservar los pocos lugares verdes que tenemos.
sábado, 25 de enero de 2014
Descabezado
El estudiante pasa sus días sentado en un muro en el acceso a la biblioteca central de la Universidad. El muchacho sostiene con una mano un libro abierto y en la otra, la derecha, descansa su cabeza que estará llena de planes de estudios, de asignaturas, de exámenes y de incierto futuro. El estudiante pasa los días impertérrito ante el frío y el calor, a las noches y a los días, a los rayos hiriente del sol y a la tarosada del rocío nocturno de las medianías. Para él el libro es su mundo y no ve siquiera a la multitud de alumnos y profesores que diariamente pasan ante su persona. Y ni piensa, es seguro, en la maldad que pueda acarrearle un enemigo que los tendrá por supuesto, por su puesto destacado entre la juventud estudiantil. El joven estudiante ve pasar los días, tan iguales para él. Hasta que un día, una noche más bien, una gamberrada -dejémoslo tan solo en ello- de un gamberro psicópata, le costó la cabeza. Un día, una noche más bien, un malhechor cortó la cabeza del estudiante y, como la mano derecha ya no tenía nada que sostener, la cortó también y ambas partes del cuerpo del chico se las llevó a saber para qué.
El gamberro, el psicópata, el malhechor, se ensañó con el estudiante, y no dejó, tras su deshonesta acción sin sentido, un corte fino de bisturí. No, dejó unos cortes horribles de sierra que demuestran las prisas que tenía el ladrón vulgar, el pretencioso gamberro, deseoso de acabar pronto su obra de infeliz mamarracho.
jueves, 23 de enero de 2014
Los zapatos
En los bajos de un edificio de viviendas en en el barrio capitalino de Las Chumberas, en un pequeño local, hay una zapatería. Entramos en ella y a pocos pasos de la puerta encontramos un mostrador, en el que al momento nos atienden y, a la izquierda del mostrador, vemos un cuadro. Nos atiende uno u otro de los dos zapateros habituales en el negocio. Zapateros remendones, diríamos, pues en su oficio, bien llevado -según su numerosa clientela- los arreglos de zapatos y otros menesteres con el cuero llenan su vida laboral: poner tapas a zapatos de señoras, poner medias zuelas, arreglar tacones, remendar lo roto, abrir agujeros, colocar y restañar cremalleras... Podríamos decir, sin temor a equivocarnos: coser y cantar...Decíamos que al entrar encontramos un mostrador y más allá, diremos, hay una estantería con bolsas de plástico y cartuchos en cuyo interior se encuentran zapatos y botas arreglados. Más adentro (lo vemos a través de una abertura sin puerta) está el taller y en éste intuimos más que vemos se encuentran las máquinas de coser y demás artilugios y herramientas necesarias para el trabajo diario. A nosotros, que quieren que les diga, nos ha llamado la atención el cuadro pintado, no habrá que jurarlo, por un pintor que puso en ello su alma. Es un cuadro de dos botas remendadas, lo más apropiado para la zapatería de viejo, según nuestro parecer. Juzguen ustedes si tenemos razón, o no, en nuestro aserto mirando la foto que acompañamos.
martes, 21 de enero de 2014
Buena campaña
Hemos visto una valla de esas que pone el Ayuntamiento en las aceras para que no crucemos por sitios indebidos. En la valla -que por esta vez llamaré bendita valla- vemos las fotos de dos cabezas preciosas de magníficos perros adultos, uno de color negro y el otro de color café con leche clarito, con sus lenguas fuera de sus bocas. Los perros nos miran desde las fotografías con esas miradas tiernas que tan solo los perros pueden dar, y con ellas piden nuestra atención hacia el mensaje que está entre ambos: NO SOMOS DELINCUENTES!!!!! ¡No somos delincuentes!, gritan con esas letras en mayúsculas. Y luego, como avergonzándose, en letra más pequeña solicitan espacios para poder correr y jugar y ser buenos. Piden poco estos perros que son criaturas de Dios. Piden poder convivir en armonía. Y aun sabiendo que en este tema hay opiniones variadas yo me uno a su petición pues teniendo uno en casa sé de su fidelidad y de su cariño.
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