Hoy, Viernes Santo, hemos subido a la azotea. Tal que un ladrón. Con pasos quedos, suaves, como caminando sobre alfombras mullidas. No queríamos que nos vieran saltándonos la cuarentena. Hemos ido a gozar de unos minutos de sol y de aire más allá del que podemos tomar tras los cristales de las ventanas y el balcón cerrado. Caminamos. Nos parece mentira el caminar por un sitio mucho más largo que el pasillo o el salón. El piso, de la azotea, es del color del cemento. Estábamos en obras. Éstas pararon hace quince días cuando el Gobierno mandó cesar en las actividades que no fueran esenciales. Allí quedaron las nuevas baldosas sin poner y algunos baldes y otros cacharros testigos de la obra quieta. El piso de la azotea se nos antoja ahora ceniciento y muerto. Pienso si será el reflejo de mi cara ante la magnitud de la pandemia.
viernes, 10 de abril de 2020
La azotea
Hoy, Viernes Santo, hemos subido a la azotea. Tal que un ladrón. Con pasos quedos, suaves, como caminando sobre alfombras mullidas. No queríamos que nos vieran saltándonos la cuarentena. Hemos ido a gozar de unos minutos de sol y de aire más allá del que podemos tomar tras los cristales de las ventanas y el balcón cerrado. Caminamos. Nos parece mentira el caminar por un sitio mucho más largo que el pasillo o el salón. El piso, de la azotea, es del color del cemento. Estábamos en obras. Éstas pararon hace quince días cuando el Gobierno mandó cesar en las actividades que no fueran esenciales. Allí quedaron las nuevas baldosas sin poner y algunos baldes y otros cacharros testigos de la obra quieta. El piso de la azotea se nos antoja ahora ceniciento y muerto. Pienso si será el reflejo de mi cara ante la magnitud de la pandemia.
domingo, 5 de abril de 2020
Soledad
"Triste y sola. Sola se queda Fonseca; triste y llorosa queda la universidad..." canta la canción de la tuna universitaria. Nos acordamos anoche de esta canción estudiantil cuando, asomados a la ventana, vimos el parque, en soledad. Triste y solo, triste y lloroso, estaba. Ni un alma en la noche de la primavera canaria. Por no haber, no había ni un soplo de aire, ni un sonido. Soledad amarga, acentuada, pensamos, por las luces de las ventanas que nos recuerdan a las gentes en resguardo de la virus malo. "Y los libros, y los libros empeñaron... en el Monte de Piedad". Y nos vino a la cabeza la idea de que este viernes -Viernes Santo- será la festividad de la Virgen de la Soledad y que no podrá salir en procesión por las calles de Triana la bella imagen nuestra de la Virgen de la Soledad de la Portería.
martes, 31 de marzo de 2020
De Ramos
jueves, 26 de marzo de 2020
El libro
Teníamos perdido el libro y ello nos causaba tristeza pues era un recuerdo de nuestro tío Juan.Lo hemos encontrado ahora entre los volúmenes de nuestra pequeña biblioteca en la que hemos estado quitando y poniendo por aquello del confinamiento debido. Su título, Crónicas y Narraciones, nos lleva a un tiempo en que Juan Sosa escribía sobre cosas de nuestra ciudad. Su prosa cálida, su mirada que se detenía en los detalles nos dejaban estampas que para sí quisiera las mejores fotografías. Hemos abierto el libro y a vuela pluma hemos pasado de un artículo a otro, sin orden, deteniéndonos aquí y allá. Así hemos leído sobre el Mercado antiguo de Las Palmas con su reloj, y con la placa que nos dice que fue construido en tiempos de Isabel II. Y nos ha llamado la atención sus apuntes del edificio que entonces estaba enfrente del Mercado pegado a la pared del barranco con las ventanas dando para el cauce seco y lleno de piedras y otras cosas que nos traía las correntías, en tiempos de lluvia, nuestro querido Guiniguada. Nos llamó la atención, pues nosotros fuimos algunas veces a tomar café con leche o chocolate con churros a la churrería que allí estaba, y, también, nos asomamos -era obligado- a ver el barranco por tales ventanas.
lunes, 23 de marzo de 2020
El último
Vemos con cariñosa pena el último solar de lo que fue ladera. Vemos con pena como aquel espacio libre, de tierra ocre, lleno de pequeñas plantas de 'las nuestras' se ha convertido en un entramado de casas chalets con vistas al mar. La ladera -la de Schamann- se extendía desde el Paseo de Chil hasta la nueva barriada que estaba arriba en la loma. Una carretera estrecha y con pocas curvas que no recordamos si era de tierra o ya estaba asfaltada (por la que un día se desriscó un camión que sacó de su letargo a los schamaneros) cortaba en dos a la ladera y ésta estaba -al contrario que la de los Riscos- sin casa alguna apenas. Sólo podíamos ver las casas de la Ladera de Cuyás, antiguas cuarterías de los labradores que trabajaban en las fincas de abajo. Veíamos a la ladera como si fuese una bandera de color ocre que se extendía al aire de la ciudad llena de cardones, de aulagas, de tuneras... Parecía ser como esas montañas que poníamos con papel de envolver en los Nacimientos caseros. Ni una casa. Era un solar grande para soñar. Ahora, para nuestro desconsuelo todo es distinto: sólo queda un último solar sin edificar al que dedicamos nuestra cariñosa pena.
sábado, 21 de marzo de 2020
Resquicio
Por un resquicio en una acera de una avenida de nuestra ciudad unas lindas plantas asoman hacia lo alto buscando la luz y el sol. Sus semillas han germinado abajo en lugar que no sabemos será tierra o cemento. Una vez nacidas, las plantitas han tomado el camino correcto en busca de su desarrollo tal como le manda la vida. Nos ha emocionado el verlas en estos días en que luchamos contra un virus que ha venido a perturbar nuestra aparente tranquilidad. En la calle, casi desierta por la cuarentena, esta imagen, en estos tiempos de zozobras es un símbolo que podríamos aprovechar.
domingo, 15 de marzo de 2020
El carro
"Mi carro me lo robaaaron anoche cuando dormíía..." cantaba Manolo Escobar anticipándose, pudiera ser, al canto doloroso de los supermercados. Porque doloroso es ver como algunos desaprensivos se llevan los carros y, luego, en lugar de devolverlos tal cual, los dejan abandonados. Pensamos en ello viendo el carro de la fotografía junto a un muro en un alejado lugar de la ciudad. El pobre carro, de buen ver aún, está tirado y sus colores, verde y amarillo, son sólo recuerdos de su truncada utilidad.
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