En el borde de un pequeño jardín, junto a una parada de guaguas, podemos ver unos hibiscos y en éstos nos encontramos casi a diario con unas cuantas lindas y sencillas flores. Por ello, ahora nos extraña el que estén estas plantas desnudas, sin flores, y nos decimos que seguramente se debe ello a los fríos que sentimos en estos días y no debemos estar muy desencaminados. Y nos quedamos amaguados y, para salir de la amargura, echamos mano a una fotografía tomada en jornadas no lejanas. En ella ustedes verán, como nosotros, una bonita flor rosada que parece sonreirnos aunque a lo mejor somos nosotros los que sonreímos al mirarla.

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