Habían previsto lluvias fuertes durante horas sobre la isla e incluso nieve en las Cumbres. Así que no nos extrañó oír de madrugada el repiqueteo del agua en las ventanas ni tampoco el retumbar de los truenos lejanos que acostumbran a llegar con las tormentas. No nos dimos cuenta (y dicen que fueron muchos) del resplandor de los relámpagos ni de algunos rayos que los dioses tuvieron a bien enviarnos. La tormenta siguió en sus treces en horas de la mañana y las redes sociales se llenaron de noticias -falsas o no- de la caída de la nieve que siempre llama a regocijo en la isla. Fotografías iban llegando de nuestras montañas semicubiertas con un precioso manto blanco que parecía autentificar el hecho.A media mañana, sobre las once, un aguacero pareció querer ahogar a la Ciudad que por momentos quedó sumida en una negrura hostil con nubes negras de negros presagios. De repente llegó el trueno rotundo y potente descargando sobre los corazones isleños un estupor acongojante. Un rumor como de grandes piedras rebotando en los barrancos de la isla; un ruido inmenso que desbordó los limites geográficos de la urbe y que se trasladó por ciudades y pueblos del interior sobrepasando, seguramente, las más altas montañas de la isla; un estertor de gigante dormido, queriendo despertar de su tremenda pesadilla.
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Jose Luis Sandoval
noticiasgrancanaria.com
Me ha parecido la introducción de un capítulo de una novela; has descrito la escena con sus circunstancias meteorológicas y me he quedado aguardando los personajes. Muy bueno.
ResponderEliminarUn abrazo.