viernes, 30 de agosto de 2013
La moneda
Encontré en el parque entre hojas muertas y tierra una moneda. La pobre moneda que sirvió en muchos momentos, seguramente, para pagar el pan de quien la portaba está hoy también muerta. Está ajada, destrozada. Lo único que aún sigue como era es el espacio vacío de su centro: agujero pequeño que le hicieron tal vez para que alguien pudiera ver el mundo. La llevo a casa y la estudio ayudándome con una lupa. Algunas letras de la palabra España pueden leerse. El año de su puesta en circulación presenta dudas: 1989, parece. Lo que sí se ve claro es su valor (el valor que tuvo) de 25 pesetas. Vivió tiempos felices la moneda, cambiando de mano en mano, en aquellos años que ya nos resultan tan lejanos, en que la peseta, la 'rubia' era nuestra moneda. Hoy la siento triste en mi mano, como si el tiempo pasado entre la hojarasca del parque, ignorada por todos, lo hubiese pasado recordando cuando era princesa.
jueves, 29 de agosto de 2013
Soldados de invierno
En una de las terrazas del Centro Comercial La Minilla el sol de la tarde pega que es un disgusto. Gracias a que el establecimiento cuenta con un doble juego de sombrillas que más pareciera la famosa 'panza de burro' por sus efectos apaciguadores del calor. Acá nos venimos a tomar un cortado de vez en cuando en nuestros paseos con el perro y entre unas cosas y otras pasamos el rato. Ayer noté (creo no haberlas visto antes) dos estufas grandes a gas a modo de farolas, del tamaño de los antiguos guanches que están en Candelaria, en Tenerife. Las estufas las tenían alineadas junto a la pared esperando lo que para ellas serán mejores tiempos. A mí me parecieron, así, al pronto, como dos soldados de invierno con sus capas contra el frío preparados para librar batallas cuando llegue el momento oportuno de combatir el 'mal tiempo'.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Roscas vs palomitas
Hemos ido al cine. La película ha estado bien desde un principio y desde los primeros fotogramas de la historia que cuenta nos quedamos atrapados. Su título, "Una casa en Córcega", nos llevaba a lugares con la luminosidad de las islas del Mediterráneo y en el filme esta luz entra a raudales en contraste con los colores tristes de las calles de una ciudad del norte de Europa. Los caracteres humanos están bien definidos y la lucha de la joven protagonista por conseguir su sueño nos lleva a envidiarla y a quererla.
Antes de comenzar la proyección los espectadores vamos entrando a la sala y acomodándonos. No somos muchos. Algunos, muchos para los pocos que somos, entran con vasos grandes de papel llenos de roscas ("palomitas de maiz", las llaman en otros lugares). Poco a poco el ambiente va quedando impregnado del olor característico de esta golosina que se ha adueñado de los cines de nuestra ciudad.
Antes de comenzar la proyección los espectadores vamos entrando a la sala y acomodándonos. No somos muchos. Algunos, muchos para los pocos que somos, entran con vasos grandes de papel llenos de roscas ("palomitas de maiz", las llaman en otros lugares). Poco a poco el ambiente va quedando impregnado del olor característico de esta golosina que se ha adueñado de los cines de nuestra ciudad.
martes, 27 de agosto de 2013
Sensibilidades
En un muro sin enlucir del Paseo de Chil frente al Estadio Insular un grafitero ha dejado constancia de su arte. Su obra, unas caras que se mezclan compartiendo sus ojos, llevaba consigo un mensaje escrito. Sea por el mensaje o por la pintura, esta efímera obra de arte gustó al jurado del Temudas Fest 2013 de Las Palmas que le otorgó -me han dicho- el primer premio. El mensaje subliminal decía: LA VIDA ES UN PURO CARNAVAL. Alguien lo tachó en parte, lo rectificó a su gusto, y lo dejó tal cual suena ahora: LA VIDA ES UNA PURA MIERDA.
Cuestión de sensibilidades, supongo.
Cuestión de sensibilidades, supongo.
domingo, 25 de agosto de 2013
Sin agua en la fuente
viernes, 23 de agosto de 2013
Pareja
Espero la guagua que ha de llevarme al Negrín. Otras personas se encuentran junto a mí en la parada. Alguien manda parar un taxi y este se detiene. Entonces veo a la joven pareja, ella con un bebé en sus manos. El dice no se qué sobre los juegos en las 'maquinitas' con voz de enfado; y el abre la puerta trasera del taxi y entra, y a empujones se coloca en el otro lado, junto a la otra ventanilla. Ella se coloca para subir y entonces veo que además del bebé lleva a horcajadas en su lado izquierdo a otro niño o niña de pocos años. Como puede deposita la mujer a la niña en el asiento y por fin sube con el bebé. La puerta del taxi se cierra con un golpe seco y el vehículo se aleja hacia no sé donde.
Como sardinas en lata
Son las 10 menos 2 minutos de la noche. Viajo en una guagua de la línea 33 a la que subí en la parada del Parque Santa Catalina. En este momento estamos en la parada de la calle Olof Palme frente a la gasolinera DISA. La guagua va abarrotada pero el chófer -amablemente- invita a subir a quienes esperaban pacientemente. Todos nos apretujamos un poco más y vamos como siempre -como desde hace por lo menos cincuenta años- como sardinas en lata. La guagua al final arranca y al menos un pasajero -yo- pasa calor. Y yo pienso en el accidente del tren en Galicia que costó la vida a 79 personas. Y yo pienso cuántas personas morirán en un accidente en Las Palmas en un accidente de guagua con la gente como sardinas en lata. Y pienso en los responsables de Guaguas Municipales (que son del Ayuntamiento) que todo estaba en orden y todo estaba previsto. Y pienso que ojalá un accidente de estos no pase nunca.
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